Clásicos gerenciales
Invierte en el gozo de vivir
Juan Carlos Caramés / jcarames@cantv.net
Un día organicé una cita de almuerzo con unos amigos y amigas. En el grupo estaba la mejor amiga de una de mis amigas. Angélica, una pequeña señora ancianita de cabello corto, como de 79 años de juventud acumulada.
Todos hicimos un grupo agradable. Cuando nos trajeron la cartilla para hacer el pedido, todos ordenamos platos de fondo con carne de res o de pollo y un buen vino tinto, excepto Angélica, quien pidió a la mesera helados de crema, con tres bolitas de café recubiertas de chocolate acaramelado.
No estaba seguro de que mis oídos hubiesen captado bien y todos mis amigos quedaron sorprendidos… “Junto con un pastel de ciruelas”… agregó Angélica completamente inmutable.
Intentamos actuar de manera indiferente, como si la gente hiciese esto todo el tiempo. Cuando nos trajeron los pedidos, no disfruté el mío, no podía quitar mis ojos de Angélica mientras saboreaba su pastel con helados. Algunos de mis amigos mostraron consternación y comieron sus almuerzos completamente sorprendidos.
La vez siguiente solamente invité a Angélica a cenar.
Ordené carne blanca de atún con una copa de vino blanco y ella pidió un “¡Banana Split!”.
Sonreí. A lo que ella me preguntó si su pedido me divertía.
Le contesté: “Sí, pero también me confunde. ¿Cómo es que ordena postres tan ricos, mientras yo ordeno un planto tradicional?”
Ella sonrió y me dijo: “¡Estoy probando todo lo que es posible!”
“Intento comer la comida que necesito y hacer las cosas que debo, pero la vida es tan corta, mi amigo, odio perderme algo bueno. Este año me di cuenta cuán vieja era (se sonrió). Nunca he estado tan vieja antes. Así que, antes de morir, tengo que probar esas cosas que por años pasé por alto. No he olido todas las flores todavía. Todavía hay muchos libros que no he leído. Hay todavía muchos más helados acaramelados que probar y viajes que realizar”.
“Hay muchos centros comerciales en donde no he comprado. No me he reído de todos los chistes. Me he perdido muchos éxitos de Broadway y papas fritas y gaseosas. Quiero navegar una vez más en el mar y sentir el rocío del océano en mi rostro. Quiero sentarme en una iglesia del campo y una vez más agradecerle a Dios por su gracia. Quiero untar mantequilla sobre mi tostada cada mañana. Quiero realizar llamadas de larga distancia sin límite de tiempo a la gente que más amo”.
“No he llorado todavía en todas las películas románticas o caminando en la lluvia mañanera. Necesito sentir el viento en mi cabello. Quiero enamorarme de nuevo. Así que si escojo postre en vez de cena, y si muriese esta noche, diría que morí ganadora, porque no me perdí de nada, satisfacé mi corazón. Tuve aquel último postre de chocolate antes de expirar”.
Con aquello dicho por Angélica, llamé a la mesera y le dije: “Cambié de parecer, quiero lo que ella pidió… ¡sólo que me agrega un poco más de crema batida!”.
Nunca olvido lo que me dijo al final de nuestra cena… “Vivamos bien, amemos mucho y riamos a menudo, ¡seamos felices! Recordemos que la felicidad no se basa en posesiones, poder o prestigio, sino en las relaciones con la gente que amamos y respetamos”.
“A veces, pensamos que de alguna manera tenemos control sobre la longitud de nuestra travesía por este mundo y queremos estirar dicha travesía al máximo.
Recuerdo el caso de una señora que vivía en una casa en penumbras a pesar de contar con muchísimos recursos financieros. Ella seguía ahorrando luz al extremo, tan sólo porque se había acostumbrado a hacerlo por más de 40 años, al comienzo de los cuales había experimentado bastante escasez”.
Proyectas en tu mundo sólo lo que ves dentro de ti.
Si eres incapaz de ver en ti amor, comprensión, tolerancia, respeto, seguridad, abundancia y demás virtudes, jamás las verás en tu mundo físico.
El faro de tu conciencia debe resplandecer sin importar la magnitud de la tormenta.
Nadie puede vivir por nosotros. Eso implica que ningún otro podrá mover nuestros pies. Si estás parado en un lugar ajeno a ti, sal de ahí y comienza a dar tus propios pasos, comienza el regreso a tu hogar… busca el puente.
Guíate por el corazón, es una brújula maestra. No temas equivocarte, es una manera de aprender. Qué importa si te das algunos golpes, vas camino a tu casa. La energía del amor es tan fuerte, que entre más la das, más te llega, más llena tu cuerpo, tu mente, tu alma y tu corazón, te estarás sanando tú mismo.
¡Vamos, vamos!... disfrutemos cada día lo que el Señor nos ha concedido, y compartamos con los demás lo que Él nos ha dado… Aprendamos a dar gozo a nuestro vivir…
Enfócate en lo que quieres hacer en realidad. Conviértete en tu sueño. Entra en esa dimensión, tráelo al plano físico y vívelo en tu instante.
Todos somos como gotas que al mar iremos a dar.
3 comentarios:
El faro de tu conciencia debe resplandecer sin importar la magnitud de la tormenta... Me parece excelente comentario mientras ciertas desvirtudes nos empañen nuestras vidas la luz de nuestro faro debe resplandecer no importa como sea la tormenta de fuerte.
Nadie puede vivir por nosotros esa es la realidad debemos aprender a equivocarnos aceptar las cosas buenas o malas hay que disfrutar cada momento esto es parte de la vida....
Excelente comentario...eso es cierto tenemos que aprender a vivir.
Publicar un comentario