Clasicos Gerenciales
miércoles, 2 de enero de 2013
Clásicos Gerenciales
Transformarse para mantener la esencia
Por: Juan Carlos Caramés Paz
Se dice que un río, después de haber recorrido un trayecto de montes y campos, con todas las dificultades que usted pueda haber imaginado, llegó a las arenas de un desierto.
De la misma forma que había intentado cruzar otros obstáculos que había hallado en el camino, empezó a atravesarlo. Pero sucedió que se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en la arena tan pronto entrara en ella.
Aún así, estaba convencido de que su destino era cruzar el desierto, pero no hallaba la forma de hacerlo.
Entonces oyó una voz que decía:
- El viento cruza el desierto y también lo puede hacer el río.
- Pero el viento puede volar y yo no. Soy absorbido por las arenas.
- Si te lanzas con violencia como has hecho hasta ahora, continuó la voz, no conseguirás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en pantano. Debes dejar que el viento te lleve a tu destino.
- Pero ¿cómo es posible esto?
- Debes consentir ser absorbido por el viento.
Esta idea no era aceptable para el río. Él nunca antes había sido absorbido y no quería perder su individualidad.
¿Cómo puedo saber con certeza si una vez perdida mi forma, la podré volver a recuperar?, se decía a sí mismo el río.
Y la voz le decía: El viento cumple su función. Eleva el agua, la transporta a su destino y la deja caer en forma de lluvia. El agua vuelve nuevamente al río.
Pero ¿no puedo seguir siendo siempre el mismo río que soy ahora?, pensaba el río.
Tú no puedes, en ningún caso, permanecer siempre así, continuó la voz. Tu esencia es transformada y forma un nuevo río.
El río no lo veía claro, pero tampoco quería ser pantano o desaparecer. Meditó pausadamente su situación y de un solo empujón, tomó una determinación.
En un acto de confianza, elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, quien, gentil y fácilmente, lo elevó hacia arriba y lejos, volviendo a dejarlo caer en la cima de una montaña, muchos kilómetros más allá.
El río sorprendido, al fin entendió:
Mi esencia es el agua, sea en el estado que sea. La transformación me ha permitido continuar siendo el mismo. Si no me hubiera transformado, me hubiera perdido.
Todos, como el río, debemos aceptar que es preciso cambiar y transformarnos para proteger y mantener nuestra esencia.
Cada año cierra un ciclo, pero abre otro. A veces hay que dejar ir lo que pasó, para llenarlo de mejores momentos. En el 2013 nos tenemos que preparar para lo mejor, para lo inesperado, para lo increíble y para la sorpresa. Por ello, no olvides la siguiente recomendación.
Primera recomendación: Da tu primer paso, de lo que sea, ahora.
No es necesario que veas el camino completo, pero da tu primer paso. El resto irá apareciendo a medida que camines. La dicha de la vida consiste en: tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.
Segunda recomendación: Encárgate de darle algo a alguien, todas las veces que puedas.
¿Sabes por qué el mar es tan grande, tan manso y tan poderoso? Porque teniendo la humildad de colocarse unos centímetros por debajo de todos los ríos, descubrió que podía ser grande aprendiendo a recibir. Esto de no llevar la cuenta de lo que das y grabar en el corazón todo lo que recibes, es consecuencia del amor.
Tercera recomendación: Afánate en mantener la constancia en lo que hagas en la vida.
Mahatma Gandhi, dijo una vez: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”. La técnica es el esfuerzo para ahorrar esfuerzo”.
Nunca olvides esta máxima: Donde no hay esperanza no puede haber esfuerzo.
Cuarta recomendación: Concéntrate en lo positivo.
La vida muchas veces nos pone trabas que pensamos no podremos superar, en esos momentos nos sentimos limitados y hay que llenarnos de pensamientos positivos, que no solo nos ayudarán a mejorar la visión que tenemos del mundo, sino en todos los aspectos que nos rodean para podernos encaminar hacia el rumbo indicado.
La eternidad está en nuestras manos. Vive de tal manera que, cuando te vayas, mucho de ti quede aún en aquellos que tuvieron la buenaventura de encontrarte.
Quinta recomendación: Somos dueños de nuestro destino. Somos capitanes de nuestra alma.
Para triunfar en la vida, no es importante llegar el primero. Para triunfar simplemente hay que llegar, levantándose cada vez que se cae en el camino. Los grandes espíritus siempre han tenido que luchar contra la oposición feroz de mentes mediocres.
“Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años. La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla.
Un regalito final: Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y unas razones para reír.
@juanccarames
juancarloscaramespaz@gmail.com
domingo, 8 de julio de 2012
Clasico Gerencial Julio 08-07-2012
Clásicos Gerenciales
Invierte en aprecio
Por: Juan Carlos Caramés Paz
¿Se siente usted apreciado por las personas con quienes trabajas?
Sí, es así, entonces probablemente le guste ir a trabajar cada día. Sin embargo, si no se siente apreciado, en ese caso puede que su trabajo sea solamente una forma de lograr que siempre haya comida sobre la mesa.
Todos nosotros esperamos que nos paguen por el trabajo que hacemos, a menos que hagamos trabajo voluntario. A la mayoría de los empleados que reciben salario le gustaría ganar más. Pero el principal factor de la satisfacción laboral no es la remuneración, sino el hecho de que la persona se sienta (o no) apreciada y valorada por el trabajo que hace.
De acuerdo con investigaciones, en más de cuatro continentes, el 64% de la gente que renuncia a su empleo lo hace porque no se siente apreciado. Esta estadística aplica a empleados de cualquier jerarquía, desde los directores ejecutivos hasta el personal de base operativa.
Hay algo en lo profundo de la psicología del ser humano que clama aprecio. Cuando esa necesidad se encuentra insatisfecha, disminuye la satisfacción laboral.
Una expresión que escucho en todas las empresas que visito, se parece a la siguiente: “No me iría si tan sólo supiera que ellos valoran el trabajo que hago. Al principio estaba muy entusiasmado, ante la oportunidad de crecimiento personal y profesional, que me daba mi puesto de trabajo. Sin embargo, ya me siento decepcionado”.
También escucho con más frecuencia todavía: “No se trata del dinero. Sucede que, haga lo que haga, sin importar cuánto trabaje o lo que logre, nunca oigo nada positivo. Si cometo un error, me lo dicen inmediatamente, pero si hago bien mi trabajo, solamente hay silencio”.
Otra que también he registrado, tiene que ver con: “Si el señor Pérez levantara un dedo para ayudarme con alguna tarea, me caería redonda y moriría de un paro cardíaco”.
Los tres relatos, recién descritos, solo muestran el efecto que causa sentir aprecio. Estos relatos se repiten una y otra vez, miles de veces, en diversos contextos laborales.
¿Por qué es tan fundamental sentirse apreciado en el contexto laboral?
Primero, porque para muchos pasamos más tiempo allí, que en otro lugar. Esa escala de tiempo, es clave en materia motivacional.
Segundo, porque cada uno de nosotros quiere saber que lo que hace tienen importancia. Si nadie nota el compromiso de una persona en hacer bien el trabajo, la motivación tiende a disminuir con el tiempo. Stephen Covey, lo decía muy claro en su famoso libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”: “Aparte de la supervivencia física, la mayor necesidad del ser humano es la supervivencia psicológica; el hecho de que lo comprendan, la afirmen, lo valoren, lo aprecien”.
Cuando las relaciones no se cultivan mediante el aprecio, los resultados son predecibles.
- Los miembros del equipo experimentarán una sensación de aislamiento de los demás y del objetivo de la organización.
- Los trabajadores tendrán la tendencia a desanimarse y pensarán: Siempre hay algo más que hacer, y nadie aprecia lo que hago.
- A menudo los empleados comienzan a quejarse de su trabajo, sus colegas y su supervisor.
- Finalmente, los miembros del equipo laboral consideran la idea de dejar la organización y buscan otro empleo.
Expresar aprecio a los empleados y colegas parece bastante fácil y simple. En algunos aspectos lo es. Sin embargo, también sabemos que para que la expresión de aprecio sea eficaz en alentar a la otra persona, deben considerarse dos factores a considerar.
En primer lugar, para que el reconocimiento y el aprecio sean eficaces, deben individualizarse y expresarse personalmente. Intentar llevar a cabo una campaña general en toda la compañía, puede ser contraproducente y hasta generar una reacción negativa. Las personas quieren que el aprecio sea genuino. El personal muestra escepticismo hacia los programas en los que a los supervisores se les da la instrucción de “expresarle aprecio a cada miembro del equipo laboral por lo menos una vez por semana”. Aunque todos queremos saber que nos valoran, deseamos que sea auténtico, no forzado.
En segundo lugar, para que el aprecio surta efecto, el receptor debe percibirlo como valioso. No es cualquier reconocimiento o valoración. El efecto debe dar en blanco la motivación de la persona, en el momento oportuno y por la razón adecuada. Elevar la moral, fortalecer la superación, potenciar las ganas, es la oportunidad valiosa que genera un acto de apreciar.
Ya para finalizar, conteste a las siguientes preguntas, para que en sus repuestas, reflexione sobre la manera y su efectividad de apreciar.
1.- En una escala de 0-10, ¿Cuán apreciado se siente por parte de su supervisor inmediato?
2.- En una escala de 0-10, ¿Cuán apreciado se siente por parte de sus compañeros de trabajo?
3.- Cuando se siente desalentado en el trabajo, ¿Qué acciones de otras personas lo alimentan?
4.- Cuando desea expresar aprecio a sus colegas, por lo general, ¿De qué manera lo hace?
5.- ¿Cuán bien cree usted y sus compañeros de trabajo saben expresarse su aprecio entre sí?
6.- Cuánto le interesa descubrir maneras eficaces de apoyar y alentar a las personas con quienes trabajas para poder crear un entorno laboral más positivo?
Y última, dado que se ha demostrado que la satisfacción laboral de los empleados afecta a la satisfacción del cliente, ¿Cuán importante cree que es descubrir el nivel de satisfacción laboral que sienten aquellos a quienes usted supervisa?
Las respuestas positivas o negativas, que usted de, definen la efectividad de aprecio, y las consecuencias en motivación que ellas atraen a la cultura de efectividad laboral, en términos de productividad y estilo de tratar a los clientes. Cuando los empleados afirman tener mayores niveles de satisfacción en su trabajo, esto se asocia a una calificación más positiva en atención al cliente.
Si mejora la calidad de expresar su aprecio hacia los demás, pronto las consecuencias positivas se verán. Fuente: Adaptación propia, de ideas de Gary Chapman.
@juanccarames
juancarloscaramespaz@gmail.com
domingo, 24 de junio de 2012
Clásico Gerencial - Comunicación
Clásicos Gerenciales
Cuánto vale “suponer” en la comunicación
Por: Juan Carlos Caramés Paz
Siempre comento en mis conferencias que el significado de la comunicación, es la respuesta que usted recibe. Buena o mala, pero es la respuesta que usted recibe.
Comunicación es en verdad lograr un espacio de común acuerdo entre dos o más personas, a partir de una comprensión mutua de pensamientos, emociones y necesidades. Pero esta comunicación no siempre es efectiva, por no decir una muy buena cantidad de veces. Hay muchos factores que la afectan, que la degradan, que le restan precisión, sintonía y claridad.
Uno de los factores principales que afecta a la comunicación, es la “Suposición”, es decir, suponer que el otro supone.
Alguna vez le ha pasado suponer que la otra persona suponga, lo que se supone debería suceder. Hacer lo contrario, traer lo que no es, vestirse de un color diferente, dejar la maleta, imprimir un certificado con información incorrecta, ir al banco sin llevar el cheque para depositar (que se suponían alguien debió colocar en el sobre a llevar), llegar a la reunión cuando no correspondía.
Hace poco asistía a un cliente en un evento, el cual haríamos en algunas ciudades distintas del país, y dos de ellas fuera de Venezuela. Eran unos cuantos viajes en avión. Semanas antes me habían enviado, en varios correos todos los pasajes para los vuelos, con sus lugares de salida y llegada, además de sus escalas.
Los primeros correos que había revisado estaban correctos. Todo era lo acordado con mi cliente. Cada pasaje correspondía a la logística acordada. Había un correo que, por cosas de las urgencias del día a día, no me había tomado el tiempo para revisar. Y los días pasaban, y la fecha de partida se acercaba.
Por dejar que lo importante se convierta en urgente, la fecha de partida había llegado. Y todo estaba saliendo como se había acordado. Di mi conferencia, y mi regreso era para el día siguiente. Me levanté a las cuatro de la madrugada, para evitar alguna complicación en mi salida y llegué de tercero a la fila de chequeo en la aerolínea.
Cuando me tocó el turno, di en el mostrador mi pasaporte y boleto. Noté que los segundos pasaban y no me daban mi ticket de abordaje. El agente chequeaba y chequeaba, hasta que vi su mirada delatadora. Con una cara de perplejo, me informaba que mi regreso estaba en sistema, el 15, pero del mes siguiente. En otro artículo les cuento lo que me pasó en esos cuatro días que tuve que esperar para regresar a Venezuela.
Nunca olvides esta máxima que dice: “Sólo hay comunicación, si hay validación”.
Suponer te puede salir caro.
Cuando supones lo obvio, ya tienes asegurado un margen de por lo menos un cincuenta por ciento de error. SI, como lo acabas de leer, 50%, de posibilidad de un gran y tremendo error.
Cuando supones, y de verdad ocurre lo que no debía suceder, siempre hay partes que se afectan emocionalmente. Cuando me refiero a partes, hablo de seres humanos. Sin querer, comenzamos a buscar culpables, hasta marear en frustración. La rabia y la frustración son las emociones que más suelen acompañar a la suposición, en el proceso de la comunicación.
Cuando supones, y pasa todo lo contrario a lo acordado, los costos presupuestados se afectan desde lo poco imaginado, hasta lo increíblemente lamentado. Por cierto esta partida no existe en la contabilidad financiera tradicional.
Cuánto puede costar, suponer que tu pareja trajo la cámara para ese viaje especial, del cual tu tanto tiempo planificaste, cuando en verdad se le quedó por salir apurada para el aeropuerto. O peor, cuánto puede costar, que aún después de filmar y ver varias veces tu grabación, vino alguien y grabó por encima de lo que tú tenías, por solo no preguntar si se podía grabar. Te imaginas que te pase, sobre una grabación de diez días en la Gran Sabana.
Cuando supones, se desgasta la relación, y hasta la confianza se ve fracturada. Reincidentes equivocaciones por suponer, generan relaciones de incertidumbre, que erosionan la química de la semántica comunicacional. Pocos o nadie, confía en nadie.
Cuando supones, pones en su máxima expresión la frustración de no haber revisado. Y más cuando recuerdas, que validar la suposición, la mayoría de las veces, solo toma unos cuantos segundos.
¿Qué puedes hacer para no ser otra víctima o no tener otro día de frustración por suponer? Es muy sencillo.
Primero, lo que comenté hace pocas líneas, acostúmbrate a tomarte esos segundos para verificar lo que debería pasar, lo que lógicamente debe suceder.
Segundo, retroalimente con su interlocutor lo conversado, lo acordado. Acostúmbrate al final de una conversación, hacer un resumen de lo tratado y un chequeo de acuerdos y/o decisiones tomados.
Es increíble la cantidad de transacciones negativas que tienen parejas, amigos y compañeros de trabajo, por no retroalimentar lo acordado. Cuando ello se hace, ya son dos los responsables, ya es más complicado lanzar culpables y diretes, que tanto desgastan y complican las relaciones.
Tercero, y último, nunca olvides el embudo de la comunicación, no es lo mismo lo que tú quieres decir, a lo que el otro oye. No es lo mismo lo que él escucha, a lo que él comprende. Y tampoco, no es lo mismo lo que él recuerda, a lo que él interpreta. Por ello, no hay comunicación, sin validación. Mide la claridad de lo que comunicas, y menos complicaciones tendrás con tu pareja, con tus hijos, amigos, compañeros de trabajo, tu jefe, la vida misma.
Nunca supongas, nada es obvio. Las palabras no siempre comunican con fidelidad el mensaje.
@juanccarames
juancarloscaramespaz@gmail.com
domingo, 30 de enero de 2011
Clasicos Gerenciales...
Clásicos Gerenciales Mi compromiso de crecer personalmente? (Parte 1) Juan Carlos Caramés Paz / juancarloscaramespaz@gmail.com
1.- Escoja una vida de crecimiento.
Se dice que cuando el chelista español Pablo Casals estaba en sus últimos años, un joven periodista le preguntó: "Señor Casals, tiene noventa y cinco años y es el más grande chelista que haya existido. ¿Por qué practica todavía seis horas diarias?".
¿Cuál fue la respuesta de Casals? "Porque creo que estoy progresando". Ese es el tipo de dedicación al crecimiento continuo que usted debe tener. La persona que alcanza su potencial, sin importar su profesión, piensa en términos de mejoramiento: Si usted cree que puede "mantenerse firme" y todavía hacer el viaje al éxito, está equivocado. Necesita tener una actitud como la del General George Patton. Se cuenta que decía a sus soldados: "Hay una cosa que quiero que recuerden. No quiero recibir mensajes que digan que nos estamos manteniendo en la misma posición. Nosotros avanzamos constantemente". El lema de Patton era: "Siempre toma la ofensiva; nunca te atrincheres".
La única manera de mejorar su calidad de vida es mejorar personalmente. Si quiere que su organización crezca, usted debe crecer como líder. Si quiere tener mejores hijos, debe convertirse en una mejor persona. Si quiere que otros lo traten con bondad, debe desarrollar mejores destrezas con la gente. No hay un método seguro para hacer que mejoren las demás personas o su ambiente. Lo único que realmente puede mejorar es a usted mismo. Lo asombroso es que cuando lo hace, todo lo demás a su alrededor mejora repentinamente. Así que lo esencial es que si usted quiere iniciar el viaje al éxito, debe vivir una vida de crecimiento. Y la única forma en que crecerá es que usted decida crecer.
2.- Comience a crecer hoy.
Napoleón Hill dijo: "Lo que cuenta no es lo que vas a hacer, sino lo que estás haciendo ahora". Muchas personas sin éxito tienen lo que llamo el "síndrome de algún día", pues podrían hacer algunas cosas para hoy mismo dar valor a sus vidas y no las hacen. Las dejan a un lado y dicen que lo harán algún día. El lema es "uno de estos días". Pero como dice el antiguo proverbio inglés: "uno de estos días significa ninguno de estos días". La mejor manera de asegurar el éxito es comenzar a crecer hoy mismo. No importa donde comience, no se desaliente; todo el que llegó donde está comenzó en donde estaba. ¿Por qué necesita decidirse a comenzar a crecer hoy? He aquí dos razones:
El crecimiento no es automático. Usted puede ser joven una sola vez, pero puede ser inmaduro indefinidamente. Esto se debe a que el crecimiento no es automático. El hecho de que usted se ponga viejo no significa necesariamente que esté creciendo. El camino hacia el nivel siguiente es cuesta arriba, y requiere esfuerzo para continuar creciendo. Mientras más pronto comience, más cerca estará de alcanzar su potencial.
El crecimiento de hoy resultará en un mejor mañana. Todo lo que usted hace hoy tiene sus bases en lo que hizo ayer. Y todo eso junto, determinará lo que ocurrirá mañana. Esto es especialmente válido en relación al crecimiento. Oliver Wendell Colmes ofreció su opinión: "la mente del hombre, una vez expandida por una nueva idea, jamás vuelve a su dimensión original". El crecimiento de hoy es una inversión para mañana y es una responsabilidad personal.
3.- Esté dispuesto a que lo enseñen.
Johm Wooden, un entrenador de baloncesto americano de la UCLA, es un inspirador ejemplo de crecimiento personal. Él se desarrollaba a sí mismo continuamente, y hacía lo mismo con sus jugadores, tratando de ayudarles a alcanzar su potencial. Uno de los dichos de Wooden que más me gusta es: "Lo que cuenta es lo que aprendes después de saber". Wooden reconocía que el obstáculo más grande para el crecimiento no es la ignorancia: Es el conocimiento. Mientras más aprende, mayor es la posibilidad de creer que lo sabe todo. Y si esto ocurre, la persona asume una actitud en la que no se le puede enseñar, y ya no hay crecimiento ni mejoramiento.
Wooden siguió aprendiendo y creciendo, a pesar de estar en la cumbre de su profesión. Por ejemplo, después de ganar un campeonato nacional -un logro que la mayoría de los entrenadores universitarios nunca alcanza- deshizo la línea ofensiva que había usado durante años y organizó una completamente nueva con el propósito de maximizar el potencial de su equipo y el talento de un jugador en especial.
El resultado fue que él y su equipo avanzaron a un nivel más elevado de juego y ganaron en forma consecutiva tres campeonatos nacionales. Cuando se mantiene dispuesto a aprender, su potencial es casi limitado.
1.- Escoja una vida de crecimiento.
Se dice que cuando el chelista español Pablo Casals estaba en sus últimos años, un joven periodista le preguntó: "Señor Casals, tiene noventa y cinco años y es el más grande chelista que haya existido. ¿Por qué practica todavía seis horas diarias?".
¿Cuál fue la respuesta de Casals? "Porque creo que estoy progresando". Ese es el tipo de dedicación al crecimiento continuo que usted debe tener. La persona que alcanza su potencial, sin importar su profesión, piensa en términos de mejoramiento: Si usted cree que puede "mantenerse firme" y todavía hacer el viaje al éxito, está equivocado. Necesita tener una actitud como la del General George Patton. Se cuenta que decía a sus soldados: "Hay una cosa que quiero que recuerden. No quiero recibir mensajes que digan que nos estamos manteniendo en la misma posición. Nosotros avanzamos constantemente". El lema de Patton era: "Siempre toma la ofensiva; nunca te atrincheres".
La única manera de mejorar su calidad de vida es mejorar personalmente. Si quiere que su organización crezca, usted debe crecer como líder. Si quiere tener mejores hijos, debe convertirse en una mejor persona. Si quiere que otros lo traten con bondad, debe desarrollar mejores destrezas con la gente. No hay un método seguro para hacer que mejoren las demás personas o su ambiente. Lo único que realmente puede mejorar es a usted mismo. Lo asombroso es que cuando lo hace, todo lo demás a su alrededor mejora repentinamente. Así que lo esencial es que si usted quiere iniciar el viaje al éxito, debe vivir una vida de crecimiento. Y la única forma en que crecerá es que usted decida crecer.
2.- Comience a crecer hoy.
Napoleón Hill dijo: "Lo que cuenta no es lo que vas a hacer, sino lo que estás haciendo ahora". Muchas personas sin éxito tienen lo que llamo el "síndrome de algún día", pues podrían hacer algunas cosas para hoy mismo dar valor a sus vidas y no las hacen. Las dejan a un lado y dicen que lo harán algún día. El lema es "uno de estos días". Pero como dice el antiguo proverbio inglés: "uno de estos días significa ninguno de estos días". La mejor manera de asegurar el éxito es comenzar a crecer hoy mismo. No importa donde comience, no se desaliente; todo el que llegó donde está comenzó en donde estaba. ¿Por qué necesita decidirse a comenzar a crecer hoy? He aquí dos razones:
El crecimiento no es automático. Usted puede ser joven una sola vez, pero puede ser inmaduro indefinidamente. Esto se debe a que el crecimiento no es automático. El hecho de que usted se ponga viejo no significa necesariamente que esté creciendo. El camino hacia el nivel siguiente es cuesta arriba, y requiere esfuerzo para continuar creciendo. Mientras más pronto comience, más cerca estará de alcanzar su potencial.
El crecimiento de hoy resultará en un mejor mañana. Todo lo que usted hace hoy tiene sus bases en lo que hizo ayer. Y todo eso junto, determinará lo que ocurrirá mañana. Esto es especialmente válido en relación al crecimiento. Oliver Wendell Colmes ofreció su opinión: "la mente del hombre, una vez expandida por una nueva idea, jamás vuelve a su dimensión original". El crecimiento de hoy es una inversión para mañana y es una responsabilidad personal.
3.- Esté dispuesto a que lo enseñen.
Johm Wooden, un entrenador de baloncesto americano de la UCLA, es un inspirador ejemplo de crecimiento personal. Él se desarrollaba a sí mismo continuamente, y hacía lo mismo con sus jugadores, tratando de ayudarles a alcanzar su potencial. Uno de los dichos de Wooden que más me gusta es: "Lo que cuenta es lo que aprendes después de saber". Wooden reconocía que el obstáculo más grande para el crecimiento no es la ignorancia: Es el conocimiento. Mientras más aprende, mayor es la posibilidad de creer que lo sabe todo. Y si esto ocurre, la persona asume una actitud en la que no se le puede enseñar, y ya no hay crecimiento ni mejoramiento.
Wooden siguió aprendiendo y creciendo, a pesar de estar en la cumbre de su profesión. Por ejemplo, después de ganar un campeonato nacional -un logro que la mayoría de los entrenadores universitarios nunca alcanza- deshizo la línea ofensiva que había usado durante años y organizó una completamente nueva con el propósito de maximizar el potencial de su equipo y el talento de un jugador en especial.
El resultado fue que él y su equipo avanzaron a un nivel más elevado de juego y ganaron en forma consecutiva tres campeonatos nacionales. Cuando se mantiene dispuesto a aprender, su potencial es casi limitado.
domingo, 18 de abril de 2010
Clasico Gerenciales VI
Clásicos Gerenciales
Efectos destructivos del temor
Juan Carlos Caramés / jcarames@cantv.net
El temor puede ser una fuerza muy destructiva en la vida de una persona. La raíz de la palabra temor tiene que ver con ataque súbito, emboscada o trampa. Eso es lo que el temor hace en nosotros: Nos ataca y nos hace cautivos. Como Víctor Frankl, psiquiatra y sobreviviente al campo de concentración nazi, observó: “El temor hace que se vuelva realidad lo que uno teme”. El poder destructivo del temor, si no se le pone cuidado, puede ser devastador. A continuación están sólo algunas de las cosas negativas que el temor puede causar en la vida de una persona.
El temor genera más temor…
Lo más insidioso del temor es su habilidad de exagerarse a sí mismo. Rara vez lo que tememos se hace realidad. En nuestras mentes proyectamos anticipadamente desastres que muy probablemente nunca ocurrirán. Y cuando no sucede, pensamos: “¡Uf! ¡estuvo cerca!”, cuando en realidad fueron nuestros propios pensamientos los únicos que crearon el posible peligro para nosotros.
El temor causa la falta de acción…
Una persona que registra censos estaba dirigiéndose a una zona rural para terminar el trabajo de su territorio. Mientras manejaba por los caminos del interior vio muchas casas con el letrero “Cuidado con el perro”. En la reja de la última casa en su lista, vio otro letrero que decía “Cuidado con el perro” al momento de entrar por un corral cerca al granero.
Temeroso de salir del carro, tocó su corneta, y de pronto salió un hombre del granero con un perro chihuahua a su costado.
Cuando el registrador de censos terminó de hacer sus preguntas y llenar su formulario, mencionó que había visto muchos letreros que decían “Cuidado con el perro”, y preguntó: “¿Es este el perro al que se refiere el letrero?”.
“Sí, desde luego”, contestó el hacendado mientras recogía a su perro amistoso.
Pero ese perro no asusta ni a una mosca.
“Lo sé”, dijo el hacendado, “pero el letrero sí”.
La lección es que el temor es como un letrero de advertencia que nos asusta de un perro ¡que no nos puede lastimar!
La gente que se deja dominar por algún tipo de temor se encuentra cada vez más atemorizada. Esto puede crear un círculo debilitador. Funciona a menudo de la siguiente manera: El temor causa que nos asustemos de hacer algo que podría ser beneficioso para nosotros. El tomar acción requerirá que nos movamos hacia lo desconocido. Eso puede asustar, pero si nos rendimos a nuestro temor, no avanzamos. No recibimos el beneficio de lo que evitamos, ni ganamos la valiosa experiencia que nos convertiría en personas más informadas. En consecuencia, nos quedamos ignorantes en esa área de la vida, y la ignorancia casi siempre genera más temor, haciendo mucho más difícil el poder salir adelante y terminar las cosas.
No podemos permitir que el temor nos paralice. Como observó John F. Kennedy: “Hay riesgos y costos en un programa de acción, pero son mucho menos que los riesgos y costos a largo plazo de la cómoda falta de acción”. Si tenemos demasiado temor a fracasar, probablemente nunca ganaremos. Si tenemos temor a morir, difícilmente viviremos. Todo en la vida tiene algún grado de riesgo. El temor nos debilita…
El peor peligro que enfrentamos es el peligro de ser paralizados por la duda y el temor. Este peligro lo traen aquellos que abandonan la fe y se burlan de la esperanza. Lo traen aquellos que esparcen el cinismo y la desconfianza y los que tratan de evitar que veamos nuestra oportunidad de hacer el bien para la humanidad.
El temor y la ansiedad son emociones debilitadoras. Son el interés pagado por adelantado por una deuda que puede que nunca debamos. Una persona no puede permitir que el temor se convierta en su amo y convertirse a la vez en el amo de sus fuerzas. Simplemente no puede ser.
El temor desperdicia tu energía…
Un viejo adagio dice “El temor hace que el lobo se vea más grande de lo que es”. Debido a eso, cuando las personas se dejan dominar por el temor, gastan energía en formas que no deberían. ¿Cómo? A veces evitan cosas que realmente no pueden lastimarlas, como el hombre que regresó de una caminata a su cabaña vacacional muy arañado y golpeado.
“¿Qué sucedió?”, le preguntó su esposa.
Me encontré con una culebra en el camino, contestó el hombre.
“¿No te acuerdas?”, respondió la mujer. “El guardabosque nos dijo ayer que ninguna de las culebras que están allí son venenosas”.
No tienen que ser venenosas si te pueden hacer saltar a un precipicio de seis metros.
Evidentemente el temor del hombre, no la culebra, era el problema.
En otras ocasiones la gente desperdicia energía imaginándose las soluciones a problemas que teme que le van a venir. Irónicamente, lo que comenzó como un temor infundado puede convertirse en un verdadero problema porque una persona desperdició energía en hacerse ilusiones en lugar de emplearla en acción productiva.
Joe Tye, autor de “Nunca temas, nunca te rindas”, dice: “El pensar en lo que uno desea que ocurra es el candado que el temor pone en la reja de la prisión. El temor deja que te complazcas, por un tiempo, en pensamientos ilusos. De alguna manera, tú piensas, algo pasará que hará que desaparezcan los problemas. Para cuando despiertas de ese sueño, es demasiado tarde; lo que temías ha ocurrido, y el temor te ha derrotado. La única forma de escapar de la prisión del temor es la acción. No puedes salir con sólo desearlo, no puedes salir con sólo esperarlo, sólo puedes salir tomando acción. Cada vez que te escapas de la prisión del temor, creces más fuerte.
En resumidas cuentas, el temor puede empujarte en la dirección equivocada al producir energía nerviosa que causa que hagas las cosas lo peor posible en una situación nueva, o puede consumir tu energía mientras luchas en contra de sus efectos paralizadores.
El temor no deja que nosotros y otros alcancemos nuestro potencial…
El temor nos roba de nuestro potencial. Nos hace más pequeños de lo que somos. Uno de los grandes errores que podemos cometer en la vida es estar en constante temor de que nos vamos a equivocar.
Cuando cedemos al temor, ya estamos derrotados. La gente que es dominada por el temor se queda donde está segura, y eso es triste porque la gente no puede alcanzar su potencial quedándose donde está segura. Peor aún, tampoco dejan que otros alcancen su potencial. Cuando un líder es dominado por el temor, se convierte en un tope para la gente que lo sigue. Mucha gente deja de alcanzar su potencial porque sus líderes son temerosos.
Nuestras dudas son traicioneras, y nos hacen perder lo que a menudo podríamos ganar, por medio del temor a intentar.
William Shakespeare
Efectos destructivos del temor
Juan Carlos Caramés / jcarames@cantv.net
El temor puede ser una fuerza muy destructiva en la vida de una persona. La raíz de la palabra temor tiene que ver con ataque súbito, emboscada o trampa. Eso es lo que el temor hace en nosotros: Nos ataca y nos hace cautivos. Como Víctor Frankl, psiquiatra y sobreviviente al campo de concentración nazi, observó: “El temor hace que se vuelva realidad lo que uno teme”. El poder destructivo del temor, si no se le pone cuidado, puede ser devastador. A continuación están sólo algunas de las cosas negativas que el temor puede causar en la vida de una persona.
El temor genera más temor…
Lo más insidioso del temor es su habilidad de exagerarse a sí mismo. Rara vez lo que tememos se hace realidad. En nuestras mentes proyectamos anticipadamente desastres que muy probablemente nunca ocurrirán. Y cuando no sucede, pensamos: “¡Uf! ¡estuvo cerca!”, cuando en realidad fueron nuestros propios pensamientos los únicos que crearon el posible peligro para nosotros.
El temor causa la falta de acción…
Una persona que registra censos estaba dirigiéndose a una zona rural para terminar el trabajo de su territorio. Mientras manejaba por los caminos del interior vio muchas casas con el letrero “Cuidado con el perro”. En la reja de la última casa en su lista, vio otro letrero que decía “Cuidado con el perro” al momento de entrar por un corral cerca al granero.
Temeroso de salir del carro, tocó su corneta, y de pronto salió un hombre del granero con un perro chihuahua a su costado.
Cuando el registrador de censos terminó de hacer sus preguntas y llenar su formulario, mencionó que había visto muchos letreros que decían “Cuidado con el perro”, y preguntó: “¿Es este el perro al que se refiere el letrero?”.
“Sí, desde luego”, contestó el hacendado mientras recogía a su perro amistoso.
Pero ese perro no asusta ni a una mosca.
“Lo sé”, dijo el hacendado, “pero el letrero sí”.
La lección es que el temor es como un letrero de advertencia que nos asusta de un perro ¡que no nos puede lastimar!
La gente que se deja dominar por algún tipo de temor se encuentra cada vez más atemorizada. Esto puede crear un círculo debilitador. Funciona a menudo de la siguiente manera: El temor causa que nos asustemos de hacer algo que podría ser beneficioso para nosotros. El tomar acción requerirá que nos movamos hacia lo desconocido. Eso puede asustar, pero si nos rendimos a nuestro temor, no avanzamos. No recibimos el beneficio de lo que evitamos, ni ganamos la valiosa experiencia que nos convertiría en personas más informadas. En consecuencia, nos quedamos ignorantes en esa área de la vida, y la ignorancia casi siempre genera más temor, haciendo mucho más difícil el poder salir adelante y terminar las cosas.
No podemos permitir que el temor nos paralice. Como observó John F. Kennedy: “Hay riesgos y costos en un programa de acción, pero son mucho menos que los riesgos y costos a largo plazo de la cómoda falta de acción”. Si tenemos demasiado temor a fracasar, probablemente nunca ganaremos. Si tenemos temor a morir, difícilmente viviremos. Todo en la vida tiene algún grado de riesgo. El temor nos debilita…
El peor peligro que enfrentamos es el peligro de ser paralizados por la duda y el temor. Este peligro lo traen aquellos que abandonan la fe y se burlan de la esperanza. Lo traen aquellos que esparcen el cinismo y la desconfianza y los que tratan de evitar que veamos nuestra oportunidad de hacer el bien para la humanidad.
El temor y la ansiedad son emociones debilitadoras. Son el interés pagado por adelantado por una deuda que puede que nunca debamos. Una persona no puede permitir que el temor se convierta en su amo y convertirse a la vez en el amo de sus fuerzas. Simplemente no puede ser.
El temor desperdicia tu energía…
Un viejo adagio dice “El temor hace que el lobo se vea más grande de lo que es”. Debido a eso, cuando las personas se dejan dominar por el temor, gastan energía en formas que no deberían. ¿Cómo? A veces evitan cosas que realmente no pueden lastimarlas, como el hombre que regresó de una caminata a su cabaña vacacional muy arañado y golpeado.
“¿Qué sucedió?”, le preguntó su esposa.
Me encontré con una culebra en el camino, contestó el hombre.
“¿No te acuerdas?”, respondió la mujer. “El guardabosque nos dijo ayer que ninguna de las culebras que están allí son venenosas”.
No tienen que ser venenosas si te pueden hacer saltar a un precipicio de seis metros.
Evidentemente el temor del hombre, no la culebra, era el problema.
En otras ocasiones la gente desperdicia energía imaginándose las soluciones a problemas que teme que le van a venir. Irónicamente, lo que comenzó como un temor infundado puede convertirse en un verdadero problema porque una persona desperdició energía en hacerse ilusiones en lugar de emplearla en acción productiva.
Joe Tye, autor de “Nunca temas, nunca te rindas”, dice: “El pensar en lo que uno desea que ocurra es el candado que el temor pone en la reja de la prisión. El temor deja que te complazcas, por un tiempo, en pensamientos ilusos. De alguna manera, tú piensas, algo pasará que hará que desaparezcan los problemas. Para cuando despiertas de ese sueño, es demasiado tarde; lo que temías ha ocurrido, y el temor te ha derrotado. La única forma de escapar de la prisión del temor es la acción. No puedes salir con sólo desearlo, no puedes salir con sólo esperarlo, sólo puedes salir tomando acción. Cada vez que te escapas de la prisión del temor, creces más fuerte.
En resumidas cuentas, el temor puede empujarte en la dirección equivocada al producir energía nerviosa que causa que hagas las cosas lo peor posible en una situación nueva, o puede consumir tu energía mientras luchas en contra de sus efectos paralizadores.
El temor no deja que nosotros y otros alcancemos nuestro potencial…
El temor nos roba de nuestro potencial. Nos hace más pequeños de lo que somos. Uno de los grandes errores que podemos cometer en la vida es estar en constante temor de que nos vamos a equivocar.
Cuando cedemos al temor, ya estamos derrotados. La gente que es dominada por el temor se queda donde está segura, y eso es triste porque la gente no puede alcanzar su potencial quedándose donde está segura. Peor aún, tampoco dejan que otros alcancen su potencial. Cuando un líder es dominado por el temor, se convierte en un tope para la gente que lo sigue. Mucha gente deja de alcanzar su potencial porque sus líderes son temerosos.
Nuestras dudas son traicioneras, y nos hacen perder lo que a menudo podríamos ganar, por medio del temor a intentar.
William Shakespeare
domingo, 18 de octubre de 2009
Clásicos Gerenciales III
Clásicos gerenciales
Líder vs. Liderazgo
Luis Rangel
En esta oportunidad, quiero referirme a un tema muy importante para el país, para las empresas, para las universidades, para los empresarios. Quiero compartir con ustedes mis investigaciones como consultor, en el área empresarial, sobre lo que en los últimos quince meses he encontrado en el área del liderazgo y sobre el tema de los líderes organizacionales.
Es casi imposible hablar de líder, organizacionalmente, sin cultura de liderazgo. Lo que mayormente encontramos, en las empresas, son jefes, o supervisores. Es sencillo, su sobre de pago lo indica.
La situación más indeseable que le puede suceder a una empresa es no poseer cultura de liderazgo. Esto lo encuentro con mucha frecuencia en mis casos de estudio. La gente se comunica como le da la gana, actúa con sus clientes según como se sientan, la proactividad y el entusiasmo varían según la temperatura de las noticias o el estado de ánimo colectivo, la prudencia depende de si la gente se levanta con el pie izquierdo o el derecho, pocos son capaces de ser colaboradores y tener un sentido de compañero de todos con todos. Dadas estas circunstancias, podemos concluir que la cultura organizacional, de muchas empresas, está sujeta al estilo de cada individuo que la conforma. Y esto puede no ser muy beneficioso para su productividad y estilo.
En mis talleres acostumbro a realizar a los propios trabajadores una pregunta que se entiende muy bien en Venezuela: ¿Qué te saca la piedra de tu empresa?
El comportamiento que encuentro, casi siempre, es el mismo: 20 por ciento descargos hacia la empresa y, sorpresa, 80 por ciento descargos relacionales (de los trabajadores hacia sus propios compañeros y, por supuesto, a sus jefes).
De los descargos hacia le empresa no quiero escribir en esta oportunidad. Pero “Sí” de los descargos relacionales. Algunos de los comentarios que hacen compañeros de sus propios compañeros, los destaco a continuación:
.- Pocos se ofrecen a ayudar en algo.
.- Muchos se hacen la vista gorda ante problemas o soluciones.
.- La solidaridad brilla por su ausencia.
.- En cada departamento o sesión de trabajo, hay compañeros que tienen un nivel de discordia o rivalidad que afecta negativamente las relaciones de todos con todos.
.- La falta de sinceridad y desconfianza abunda.
.- Ganar indulgencia con escapulario ajeno.
.- La práctica de compartir conocimiento y mejores prácticas se convierte en tabú o celo profesional.
.- Falta de trato.
.- Cóctel diario de gritos, groserías, malas caras, mal humor, mal carácter y amarguras. Con un poquito de irrespeto, insulto, burlas y falta de cortesía.
.- Falta de compromiso, desánimos, poco entusiasmo, apatía, flojera por trabajar, excesivos “no puedo”.
Y cuando los compañeros se refieren a sus jefes (personas que tienen a su cargo trabajadores), destacan, entre muuuuuchos otros, los siguientes comentarios:
.- Lentitud para resolver problemas, tomar decisiones o culpar a alguien por algo que no debió suceder.
.- Decir y pedir las cosas de mala manera.
.- Maltratar a propósito como estímulo de acción.
.- Tratar a alguien como ser inferior o miserable.
.- Enseñar o compartir nada.
.- Cóctel de humillaciones, indiferencia, injusticias social, cara de gruñón, ignorancia presencial y insensibilidad.
.- Demostrar que las ideas de otros no valen nada.
.- Contestar mal cuando alguien pregunta algo. El miedo se impone como método de obedecer.
.- Falta de apretón de mano o palmadita en la espalda.
.- Manera de reclamar y resaltar siempre lo malo.
Como podemos observar, tanto lo que dicen los compañeros de los compañeros y de sus jefes, todo se convierte en cultura, en un estilo a modelar y repetir por las actuales y futuras generaciones. Esta situación se convierte en un estilo de comportamiento colectivo inconsciente, que es repetido a diario y que, por supuesto, destruye cualquier productividad.
Todo lo expuesto trae consigo algunas consecuencias y serias oportunidades. Quiero destacar algunas, en el espacio que me queda.
Primero, ¿es el estilo que realmente quieren los dueños, accionistas y los propios trabajadores? Por cierto este estilo causa más del 55 por ciento de las futuras enfermedades que van a padecer dichos trabajadores.
Segundo, ¿es lo mejor para satisfacer a clientes cada vez más exigentes y que cambian de marca o proveedor de servicio sin ningún remordimiento?
Tercero, ¿es acaso este panorama el perfecto caldo de cultivo para garantizar un pronto, y seguro, conflicto social relacional productivo y una escalada de conflicto silencioso que terminará por socavar cualquiera buena intención de un grupo empresarial o cooperativa social?
Cuarto, ¿es la oportunidad para generar y sembrar un nuevo estilo organizacional?
Es muy fácil plantear en un artículo estos asuntos, pero de mi parte puedo garantizar que sí se puede cosechar. No lleva mucho tiempo, pero se necesita que todos participen en la conformación, y el entendimiento, de comportamientos y acciones que así lo garanticen.
Imagínese por unos segundos una empresa donde lo normal sea...
.- Todos tengan una disposición natural de ayudar a los demás.
.- El aprecio sea sincero y todos busquen lo mejor para todos.
.- Apoyar en los momentos de dificultad, producir armonía y calma en los momentos de tensión clave.
.- Promover el compañerismo hasta la esencia de los propios familiares.
.- Afrontar con rapidez y soltura la solución de problemas, respetar las diferencias y actuar tan pronto se presenta la ocasión.
.- Persistir, insistir, resistir y nunca desistir.
.- Transmitir energía positiva y proyectar la mejor imagen.
.- Apartar la amargura, el desánimo y siempre poner la mejor cara.
.- Siempre estar dispuesto a servir.
.- Abordar a la gente de forma amigable y amable.
Y además, los jefes se conviertan en líderes, donde todos los días...
.- Se saluda a cada compañero por su nombre.
.- Se hace del elogio un estímulo permanente y psicológico, según la personalidad de cada trabajador.
.- Se hace presencia y contacto de manera oportuna.
.- Es el primero en enseñar algo productivo para la vida personal o técnica de cada trabajador.
Queda de parte del lector hacer la reflexión y buscar la luz del túnel donde cohabita en su organización.
La única manera en esta tierra de influenciar a otra persona es hablar de lo que ellos quieren, y luego mostrarles cómo obtenerlo.
Dale Carnegie
Líder vs. Liderazgo
Luis Rangel
En esta oportunidad, quiero referirme a un tema muy importante para el país, para las empresas, para las universidades, para los empresarios. Quiero compartir con ustedes mis investigaciones como consultor, en el área empresarial, sobre lo que en los últimos quince meses he encontrado en el área del liderazgo y sobre el tema de los líderes organizacionales.
Es casi imposible hablar de líder, organizacionalmente, sin cultura de liderazgo. Lo que mayormente encontramos, en las empresas, son jefes, o supervisores. Es sencillo, su sobre de pago lo indica.
La situación más indeseable que le puede suceder a una empresa es no poseer cultura de liderazgo. Esto lo encuentro con mucha frecuencia en mis casos de estudio. La gente se comunica como le da la gana, actúa con sus clientes según como se sientan, la proactividad y el entusiasmo varían según la temperatura de las noticias o el estado de ánimo colectivo, la prudencia depende de si la gente se levanta con el pie izquierdo o el derecho, pocos son capaces de ser colaboradores y tener un sentido de compañero de todos con todos. Dadas estas circunstancias, podemos concluir que la cultura organizacional, de muchas empresas, está sujeta al estilo de cada individuo que la conforma. Y esto puede no ser muy beneficioso para su productividad y estilo.
En mis talleres acostumbro a realizar a los propios trabajadores una pregunta que se entiende muy bien en Venezuela: ¿Qué te saca la piedra de tu empresa?
El comportamiento que encuentro, casi siempre, es el mismo: 20 por ciento descargos hacia la empresa y, sorpresa, 80 por ciento descargos relacionales (de los trabajadores hacia sus propios compañeros y, por supuesto, a sus jefes).
De los descargos hacia le empresa no quiero escribir en esta oportunidad. Pero “Sí” de los descargos relacionales. Algunos de los comentarios que hacen compañeros de sus propios compañeros, los destaco a continuación:
.- Pocos se ofrecen a ayudar en algo.
.- Muchos se hacen la vista gorda ante problemas o soluciones.
.- La solidaridad brilla por su ausencia.
.- En cada departamento o sesión de trabajo, hay compañeros que tienen un nivel de discordia o rivalidad que afecta negativamente las relaciones de todos con todos.
.- La falta de sinceridad y desconfianza abunda.
.- Ganar indulgencia con escapulario ajeno.
.- La práctica de compartir conocimiento y mejores prácticas se convierte en tabú o celo profesional.
.- Falta de trato.
.- Cóctel diario de gritos, groserías, malas caras, mal humor, mal carácter y amarguras. Con un poquito de irrespeto, insulto, burlas y falta de cortesía.
.- Falta de compromiso, desánimos, poco entusiasmo, apatía, flojera por trabajar, excesivos “no puedo”.
Y cuando los compañeros se refieren a sus jefes (personas que tienen a su cargo trabajadores), destacan, entre muuuuuchos otros, los siguientes comentarios:
.- Lentitud para resolver problemas, tomar decisiones o culpar a alguien por algo que no debió suceder.
.- Decir y pedir las cosas de mala manera.
.- Maltratar a propósito como estímulo de acción.
.- Tratar a alguien como ser inferior o miserable.
.- Enseñar o compartir nada.
.- Cóctel de humillaciones, indiferencia, injusticias social, cara de gruñón, ignorancia presencial y insensibilidad.
.- Demostrar que las ideas de otros no valen nada.
.- Contestar mal cuando alguien pregunta algo. El miedo se impone como método de obedecer.
.- Falta de apretón de mano o palmadita en la espalda.
.- Manera de reclamar y resaltar siempre lo malo.
Como podemos observar, tanto lo que dicen los compañeros de los compañeros y de sus jefes, todo se convierte en cultura, en un estilo a modelar y repetir por las actuales y futuras generaciones. Esta situación se convierte en un estilo de comportamiento colectivo inconsciente, que es repetido a diario y que, por supuesto, destruye cualquier productividad.
Todo lo expuesto trae consigo algunas consecuencias y serias oportunidades. Quiero destacar algunas, en el espacio que me queda.
Primero, ¿es el estilo que realmente quieren los dueños, accionistas y los propios trabajadores? Por cierto este estilo causa más del 55 por ciento de las futuras enfermedades que van a padecer dichos trabajadores.
Segundo, ¿es lo mejor para satisfacer a clientes cada vez más exigentes y que cambian de marca o proveedor de servicio sin ningún remordimiento?
Tercero, ¿es acaso este panorama el perfecto caldo de cultivo para garantizar un pronto, y seguro, conflicto social relacional productivo y una escalada de conflicto silencioso que terminará por socavar cualquiera buena intención de un grupo empresarial o cooperativa social?
Cuarto, ¿es la oportunidad para generar y sembrar un nuevo estilo organizacional?
Es muy fácil plantear en un artículo estos asuntos, pero de mi parte puedo garantizar que sí se puede cosechar. No lleva mucho tiempo, pero se necesita que todos participen en la conformación, y el entendimiento, de comportamientos y acciones que así lo garanticen.
Imagínese por unos segundos una empresa donde lo normal sea...
.- Todos tengan una disposición natural de ayudar a los demás.
.- El aprecio sea sincero y todos busquen lo mejor para todos.
.- Apoyar en los momentos de dificultad, producir armonía y calma en los momentos de tensión clave.
.- Promover el compañerismo hasta la esencia de los propios familiares.
.- Afrontar con rapidez y soltura la solución de problemas, respetar las diferencias y actuar tan pronto se presenta la ocasión.
.- Persistir, insistir, resistir y nunca desistir.
.- Transmitir energía positiva y proyectar la mejor imagen.
.- Apartar la amargura, el desánimo y siempre poner la mejor cara.
.- Siempre estar dispuesto a servir.
.- Abordar a la gente de forma amigable y amable.
Y además, los jefes se conviertan en líderes, donde todos los días...
.- Se saluda a cada compañero por su nombre.
.- Se hace del elogio un estímulo permanente y psicológico, según la personalidad de cada trabajador.
.- Se hace presencia y contacto de manera oportuna.
.- Es el primero en enseñar algo productivo para la vida personal o técnica de cada trabajador.
Queda de parte del lector hacer la reflexión y buscar la luz del túnel donde cohabita en su organización.
La única manera en esta tierra de influenciar a otra persona es hablar de lo que ellos quieren, y luego mostrarles cómo obtenerlo.
Dale Carnegie
lunes, 12 de octubre de 2009
Clásicos Gerenciales II
Clásicos gerenciales
Tiempo para ver la vida de otra manera
Juan Carlos Caramés / jcarames@cantv.net
La semana pasada compartí la primera parte de “Tiempo para ver la vida de otra manera”. Quiero continuar con el mismo esquema, ideas para que tomes las líneas o palabras que te hagan reflexionar y poner en prueba acciones que permitan algún tipo de cambio en tu vida. En el artículo anterior describí tres maneras. Hoy quiero iniciar con la cuarta y continuar hasta la séptima…
Cuarta manera de muchas maneras…
Hay que recordar todo lo que es bueno recordar y todo lo demás olvidarlo.
Florence Scovel
Una persona perversa resuelve hacer un regalo a una persona pobre por su aniversario e irónicamente manda preparar una bandeja llena de basura y desperdicios.
Llega el día del agasajo y los invitados de la fiesta.
En presencia de todos, manda entregar el regalo, que es recibido con alegría por el agasajado.
Gentilmente, el agasajado agradece y pide que lo espere un instante, ya que le gustaría poder retribuir la gentileza.
Tira la basura, lava la bandeja, la cubre de flores, y la devuelve con un papel, donde dice: “Cada uno da lo que posee”.
Así que, no te entristezcas con la actitud de algunas personas; no pierdas tu serenidad. La rabia hace mal a la salud, el rencor daña el hígado y la cólera envenena el corazón.
Domina tus reacciones emotivas. Sé dueño de ti mismo. No arrojes leña en el fuego de tu aborrecimiento. No pierdas la calma. Piensa antes de hablar y no cedas a tu impulsividad.
“Guardar resentimientos es como tomar veneno y esperar que otra persona muera”.
Quinta manera de muchas maneras…
Algunos mandamientos de Gurdjieff…
Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
Termina siempre lo que comenzaste.
Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
Desarrolla tu generosidad sin testigos.
Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
Habla sólo lo necesario.
En una discusión ponte en el lugar del otro.
Admite que alguien te supere.
No elimines, sino transforma.
Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
Sexta manera de muchas maneras…
“Hay derrotas que tienen más dignidad que la misma victoria”.
Jorge Luis Borges
Sube los escalones de tu existencia.
Despacio, cauteloso, con mucha calma, inteligencia y buena voluntad, sube los escalones. Pensando siempre en la gloria que se encuentra en lo más alto de la escalera que estás subiendo.
No cedas ni un segundo al desánimo; no permitas que la indecisión te domine. Aprende a superarlos. El mundo pertenece a los seres optimistas, positivos y sinceros; nunca será de los cobardes, quejosos, indecisos, mentirosos y deshonestos, estos últimos se quedan en los primeros escalones de la gran escalera.
Prosigue en línea recta, buscando tus sagrados objetivos, en nombre del Creador a quien debemos la vida, hónrala. Si alguien no te recibe de buena gana, ni acepta tu buena intención, no pierdas el tiempo en comentarios y sentencias acusatorias, pues tal actitud no soluciona el problema.
Y si te caes antes de llegar al escalón al que te propusiste llegar, no te desanimes, porque el caer es una oportunidad para levantarte y reaccionar, continúa subiendo nuevamente con más fuerza y altruismo. Victoria no es nunca haber caído, sino levantarse de la caída y seguir alegremente, prometiéndote a ti mismo, mirar con orgullo los demás escalones que se encuentran adelante y altivamente seguir subiendo.
Sube, sube siempre con coraje, con firmeza con sabiduría y un fuerte deseo de vencer, imponiéndote el más alto concepto de una vida digna, honrada y bien vivida.
Acuérdate, la victoria es de los que luchan contra las situaciones desfavorables, sin perder el vigor, la fe, y el ideal de la vida. Persiste sin retroceder...
Séptima manera de muchas maneras…
Un abuelito estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida. Les decía: “Una pelea está ocurriendo dentro de mí, es entre dos lobos; uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatría.
El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe”. “Esta misma pelea está ocurriendo continuamente dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra”.
Los chicos se quedaron pensativos, y uno de ellos preguntó a su abuelo:
¿Cuál de los lobos ganará?
De la nada y con mucha energía el abuelo simplemente contestó: “el que alimentes más”.
Tiempo para ver la vida de otra manera
Juan Carlos Caramés / jcarames@cantv.net
La semana pasada compartí la primera parte de “Tiempo para ver la vida de otra manera”. Quiero continuar con el mismo esquema, ideas para que tomes las líneas o palabras que te hagan reflexionar y poner en prueba acciones que permitan algún tipo de cambio en tu vida. En el artículo anterior describí tres maneras. Hoy quiero iniciar con la cuarta y continuar hasta la séptima…
Cuarta manera de muchas maneras…
Hay que recordar todo lo que es bueno recordar y todo lo demás olvidarlo.
Florence Scovel
Una persona perversa resuelve hacer un regalo a una persona pobre por su aniversario e irónicamente manda preparar una bandeja llena de basura y desperdicios.
Llega el día del agasajo y los invitados de la fiesta.
En presencia de todos, manda entregar el regalo, que es recibido con alegría por el agasajado.
Gentilmente, el agasajado agradece y pide que lo espere un instante, ya que le gustaría poder retribuir la gentileza.
Tira la basura, lava la bandeja, la cubre de flores, y la devuelve con un papel, donde dice: “Cada uno da lo que posee”.
Así que, no te entristezcas con la actitud de algunas personas; no pierdas tu serenidad. La rabia hace mal a la salud, el rencor daña el hígado y la cólera envenena el corazón.
Domina tus reacciones emotivas. Sé dueño de ti mismo. No arrojes leña en el fuego de tu aborrecimiento. No pierdas la calma. Piensa antes de hablar y no cedas a tu impulsividad.
“Guardar resentimientos es como tomar veneno y esperar que otra persona muera”.
Quinta manera de muchas maneras…
Algunos mandamientos de Gurdjieff…
Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
Termina siempre lo que comenzaste.
Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
Desarrolla tu generosidad sin testigos.
Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
Habla sólo lo necesario.
En una discusión ponte en el lugar del otro.
Admite que alguien te supere.
No elimines, sino transforma.
Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
Sexta manera de muchas maneras…
“Hay derrotas que tienen más dignidad que la misma victoria”.
Jorge Luis Borges
Sube los escalones de tu existencia.
Despacio, cauteloso, con mucha calma, inteligencia y buena voluntad, sube los escalones. Pensando siempre en la gloria que se encuentra en lo más alto de la escalera que estás subiendo.
No cedas ni un segundo al desánimo; no permitas que la indecisión te domine. Aprende a superarlos. El mundo pertenece a los seres optimistas, positivos y sinceros; nunca será de los cobardes, quejosos, indecisos, mentirosos y deshonestos, estos últimos se quedan en los primeros escalones de la gran escalera.
Prosigue en línea recta, buscando tus sagrados objetivos, en nombre del Creador a quien debemos la vida, hónrala. Si alguien no te recibe de buena gana, ni acepta tu buena intención, no pierdas el tiempo en comentarios y sentencias acusatorias, pues tal actitud no soluciona el problema.
Y si te caes antes de llegar al escalón al que te propusiste llegar, no te desanimes, porque el caer es una oportunidad para levantarte y reaccionar, continúa subiendo nuevamente con más fuerza y altruismo. Victoria no es nunca haber caído, sino levantarse de la caída y seguir alegremente, prometiéndote a ti mismo, mirar con orgullo los demás escalones que se encuentran adelante y altivamente seguir subiendo.
Sube, sube siempre con coraje, con firmeza con sabiduría y un fuerte deseo de vencer, imponiéndote el más alto concepto de una vida digna, honrada y bien vivida.
Acuérdate, la victoria es de los que luchan contra las situaciones desfavorables, sin perder el vigor, la fe, y el ideal de la vida. Persiste sin retroceder...
Séptima manera de muchas maneras…
Un abuelito estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida. Les decía: “Una pelea está ocurriendo dentro de mí, es entre dos lobos; uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatría.
El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe”. “Esta misma pelea está ocurriendo continuamente dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra”.
Los chicos se quedaron pensativos, y uno de ellos preguntó a su abuelo:
¿Cuál de los lobos ganará?
De la nada y con mucha energía el abuelo simplemente contestó: “el que alimentes más”.
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